|

Aún no me acostumbro a tu ausencia.
Por
momentos
te
siento
cerca
de
mí,
tanto
que
casi,
siento
tocarte,
creo
acariciar
esas
manos...
esas
manos
que
tantas
caricias
me
dieron,
tus
besos,
esos
besos
que
sólo
tú
solías
darme.

Cada
amanecer
es
lo
mismo,
grito
con
todas
mis
fuerzas
¿Mamita
dónde
estás?
¿A
dónde
te
has
ido?
No
te
me
alejes
de
mí,
prometo
portarme
bien
y
hacerte
muy
feliz,
pero
tú
no
me
escuchas,
tus
manos
ya
no
me
tocan
y
tu
imagen
se
desvanece.

Otra
vez
despierto,
sobre
mi
cama
con
la
almohada
húmeda
y
las
lágrimas
ruedan
por
mi
rostro.
Te
necesito
en
mi
vida,
pienso
en
ti
constantemente,
en
tu
sonrisa
hermosa
que
se
dibujaba
en
tus
labios,
cada
vez
que
hacía
una
travesura,
extraño
el
sonido
de
tu
voz,
tus
palabras
amorosas.

Desde que te fuiste, el cielo no tiene color, el sol ya no calienta, cada mañana me levanto y camino muy despacio, hacia tu habitación, para poder ver tu fotografía, y oler el aroma de tu piel, impregnada en tu ropa, con la ilusión de verte ahí, de ver tus ojos brillando y la felicidad dibujada en tu rostro, por volverme a ver.

Es curioso ver como la vida cambia el curso de nuestra existencia, sin que podamos hacer nada, los recuerdos se agolpan en mi mente y ahora siento el silencio lacerar mi alma, siento un dolor muy grande que no tendrá fin.
Mamita...
Cómo
me
haces
falta!!

Elevo
mi
oración
a
Dios
y
poco
a
poco
siento
una
tranquilidad
inmensa...
una
paz
que
llena
mi
alma,
me
doy
cuenta
que
soy
afortunada,
por
poder
recordarte,
porque
hay
momentos
que
jamás
voy
a
olvidar.
Sé
que
algún
día
me
reuniré
contigo
y
estaremos
juntas
una
vez
más,
hasta
la
eternidad.

Autora: María Alejandra V.
*Princesa*
Mamita...
sé
que
siempre,
por
las
noches
tu
alma
me
acariciará.

Enero/12/07
Copyright
|